YO   SOY  VOLUNTARIO. 

Cuando se me ofreció la posibilidad de escribir algún trabajo sobre el “voluntariado”no se me ocurría nada para poder comenzarlo. Tuve que recurrir, una vez más, a la figura del viejo médico de cabecera que había  en la familia cuando yo era un crío.

Tenía una frase que usaba con frecuencia cómo un latiguillo y de la que yo echo mano en circunstancias cómo la presente. El añorado Dr. Zunzunegui decía:

“O qué mais lle gosta facer a un galego e contar o conto da sua vida”

Esto es lo que voy hacer. Contar una pequeña historia mía, muy sencilla y personal, que ya os anticipo que aún no tiene final.

En un lugar de mi querida ciudad de Vigo, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, en un día en que los negros nubarrones de mi jubilación laboral se acercaban a mi entorno, un buen amigo mío me propuso colaborar cómo voluntario en una asociación solidaria de ámbito local. Cómo suele pasar en muchas ocasiones, en principio mi reacción fue de rechazo. No es que no me pareciera extraordinaria la labor que se podía hacer, pero es que hacía pocas fechas que me había matriculado en los “Cursos de la Universidad de Mayores” y temía que la falta de tiempo me impidiera cumplir con mis compromisos.

Al final, un amigo es un amigo y le dije que sí. No tardé en comprobar que con aquella decisión mía, me había matriculado en dos Universidades a la vez. Una era la Universidad convencional y la otra era la Universidad del voluntariado. Las dos me están enseñando muchas y enriquecedoras cosas, pero en esta ocasión quiero hacer hincapié en la segunda.Imagen2

El ser miembro activo del “voluntariado” me ha servido sobre todo a “escuchar” con más interés y atención a la gente. Tengo una edad propicia para estar contando mis “batallitas” y me asombro cuando compruebo lo que disfruto escuchando las de los demás. He aprendido a “mirar” con ternura las sonrisas tímidas de unos ojos húmedos llenos de agradecimiento. Con mis queridos usuarios he rememorado las gestas heroicas del Celta en el antiguo barrizal de Balaídos. He entrado también casi de puntillas en teorías de la “Física Cuántica”. Gracias a uno de ellos ya me muevo con soltura por el nuevo Hospital Alvaro Cunqueiro. Es cierto que yo le acompaño en sus citas médicas pero él es el que me guía por sus pasillos y salas de espera.

La celebración este año del fallecimiento de Cervantes me viene de maravilla, porque puedo intercalar en mi escrito frases, anécdotas y comentarios del Quijote que siempre quedan muy bien. Salvando las lógicas distancias, tanto en aquella época como en la actualidad, la pobreza, la injusticia, el egoísmo y la soledad están siempre presentes. Incluso pienso que el número de “pícaros” ha ido en aumento.

Pero hay que reconocer que hoy en día también abundan los “Quijotes” dispuestos siempre a “desfacer entuertos”, muchos “Sanchos” que nos acompañan   cómo verdaderos amigos, y muchas “Dulcineas”. Las Dulcineas de nuestros días no son personajes idealizados, ni virtuales ni etéreos sino reales cómo la vida misma, dispuestas a la ayuda constante y desinteresada, y que con mucha frecuencia nos encontramos en colegios, institutos, hospitales y residencias.

Quiero ir terminando felicitándome a mi mismo por ser “voluntario”dando las gracias a los miles de compañeros por su extraordinaria labor e invitando a los que no lo son a que se acerquen a nosotros. No me atrevo a exhortarles con las palabras que se le atribuyen a Don Quijote cuando le hablaba a su escudero: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia”

No estoy muy convencido de que vayamos a cambiar el mundo, pero sí puedo asegurar que este pequeño-gran mundo del “voluntariado” ya nos ha cambiado a muchos de nosotros,

Vale.

Manuel Rodríguez Díaz

Alumns Programa de Mayores

Vigo, Mayo 2016

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